MOVIMIENTO ANTORCHISTA


 
 
 
 
.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

SEGUNDO TOMO/ CONFERENCIA 25
CROM: la madre de las centrales charras

SEGUNDA PARTE

Noviembre de 1989

Compaņeros Obreros: 

Fue así como nació el “Grupo Acción”, integrado por 12 elementos de los más cercanos a Morones, y que jugó un papel muy destacado en la conducción del movimiento obrero mexicano. Funcionó como una pequeña hermandad secreta que detentaba todo el poder, tanto dentro de la CROM como en el Partido Laborista Mexicano, y que tenía el monopolio de las relaciones y las negociaciones con el gobierno del general Obregón. En la práctica, el grupo lo era todo, es decir, sustituyó, casi completamente, a los órganos democráticos que habían sido distintivo y orgullo de la Casa del Obrero Mundial. En efecto, a partir de la creación del “Grupo Acción”, con Morones a la cabeza, queda suprimida definitivamente la democracia en el sindicalismo mexicano: las grandes asambleas con debate libre, con opinión libre, con votación libre, con elección libre de los dirigentes, quedan atrás, y un pequeño grupo secreto toma su lugar y comienza a ejercer un férreo control sobre todo el movimiento en su conjunto. Naturalmente que esto no hubiera sido posible sin el consentimiento y el apoyo del gobierno de Álvaro Obregón. Por eso, precisamente, ni es verdad que Obregón fue el gran presidente obrerista que dicen sus partidarios, ni es correcto que Morones deba ser considerado como un héroe de la clase trabajadora: en el fondo fueron dos almas gemelas, ambiciosas de poder y de dinero, que se aliaron para jinetear a los obreros del país, dando origen al nefasto sistema corporativo de control de los mismos, conocido en nuestros días como “charrismo sindical”.

Sigamos. Como todos ustedes saben, compañeros, con el correr del tiempo y siendo Presidente de la República el general Lázaro Cárdenas, hubo un enfrentamiento entre éste y Calles. La causa del diferendo fue que Calles, a quien todo mundo llamaba el “jefe máximo” de la Revolución” y que había mangoneado a su antojo a los tres presidentes que cubrieron los seis años del llamado “maximato” (Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez), mal aconsejado por sus aduladores, quiso hacer lo mismo con don Lázaro. Pero el general Cárdenas, que era hombre de gran carácter y un político muy conciente de la dignidad y responsabilidad que implicaba ser el Jefe de la Nación, no toleró el tutelaje de Calles ni su intromisión en asuntos que eran de su absoluta competencia, razón por la cual, luego de una escaramuza política que tuvo amplia resonancia en los medios masivos de comunicación, ordenó el destierro fulminante de don Plutarco Elías Calles. Ahora bien, lo que importa para nuestro relato es que, junto con el general Calles, abandona también el país don Luis N. Morones, en una demostración de apego y lealtad a quien fuera su jefe directo siendo Presidente de la República. A partir de este suceso, que tuvo lugar en el año de 1935, la estrella de Morones comienza a declinar y son otros actores, individuales y colectivos, los que comienzan a surgir en el horizonte de la política obrera del país. Tras dos años de destierro Morones regresa a la patria, se incorpora a la campaña presidencial del General Manuel Ávila Camacho y, por un momento, parecía que volverían los buenos tiempos. No ocurre exactamente así, pues otros son los planes del nuevo Presidente. Morones se retira finalmente a la vida privada y muere, en su casa y en su cama, rodeado de honores oficiales, en el año de l964.

La CROM, como sabemos, ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, pero no es ya ni la sombra de lo que fue en sus mejores momentos. Simplemente como dato revelador digamos que, en la época de Calles, llegó a contar en sus filas más de tres millones de afiliados que eran, si tomamos en cuenta que estamos hablando del período comprendido entre 1924 y 1928, la inmensa mayoría de los trabajadores del país. Esto quiere decir que, a pesar de todas las marrullerías y traiciones de Morones, la CROM llegó a ser la central obrera más poderosa de la nación, más poderosa, dicen algunos, que cualquier Secretaría de Estado. El “Grupo Acción”, que era el verdadero poder detrás del trono, como suele decirse, tenía voz y voto en los asuntos más importantes de la política nacional, tanto así que su cabeza principal llegó a ser Secretario de Industria, Comercio y Trabajo, en el gabinete callista, según dijimos en su lugar. La CROM de nuestros días tiene su principal bastión en las regiones en donde es fuerte la industria textil, por ejemplo, en Atlixco, Puebla, y su membresía, según algunos estudiosos, no rebasa los 200 mil miembros.

Desgraciadamente no sólo sobrevive la CROM sino también sus formas de control de los obreros, que han pasado a ser patrimonio de todas la centrales, grandes y pequeñas, que hay en el país. En efecto, hoy como en la época de Morones, quienes deciden sobre la suerte de millones de obreros, quienes toman las decisiones más importantes y quienes se llevan la tajada del león en ese gran negocio que es el movimiento obrero mexicano, son un pequeño puñado de líderes corruptos, amparados por el poder político de la nación y en estrecha alianza con los dueños de las empresas y el capital. La gran masa obrera tiene poca conciencia de su situación y de sus posibilidades, y mansamente se deja manipular por sus opresores a cambio de tener un puesto de trabajo seguro y un salario de hambre. Lo dicho: las cosas siguen ocurriendo, salvo ligeros cambios no significativos, como en la época de Morones. Aún así, el hecho de que en un momento dado haya sido la central más poderosa del país (y prácticamente la única), convierte a la CROM, por una necesidad lógica, en la madre de todas las subsecuentes centrales del país, incluida la CTM.

La declinación de la estrella de Morones y de la propia CROM, fenómeno que ya indicamos hace un momento, no se debió exclusivamente a su salida del país junto con don Plutarco Elías Calles. A ello concurrieron otros factores tales como el carácter dictatorial y oportunista de Morones, su enriquecimiento escandaloso a costa de los obreros, su encumbramiento político gracias a la traición de la vieja línea anarco-sindicalista que, como también ya vimos, generó un descontento y una división que nunca desaparecieron completamente. Conciente de la pérdida de prestigio y de poder de Morones y su grupo, el gobierno toma sus medidas preventivas y comienza a impulsar el surgimiento de nuevos líderes mediante su apoyo abierto y disimulado. Remarcar esta política oficial resulta útil para convencernos de que, la opinión de quienes sostienen que el control indiscutido que actualmente ejerce Fidel Velázquez sobre el movimiento obrero se explica sólo porque ese personaje es un genio fuera de serie, no pasa de ser una exageración y una interpretación interesada de los hechos reales. La verdad es que el encumbramiento de Fidel Velázquez (y antes que él el de Lombardo Toledano) y la creación misma de la CTM, fueron fruto de una maniobra muy inteligente y bien planeada del General Lázaro Cárdenas para debilitar a la CROM y desbancarla del lugar privilegiado que ocupaba, ante la imposibilidad de destruirla completamente. Esto se corrobora de algún modo en el hecho de que la fundación de la CTM tuvo lugar en 1936, es decir, en plena era cardenista y un año después de haber salido Morones al exilio. En nuestra próxima charla veremos mejor esto, junto con el surgimiento de la CGT y algunas de las llamadas “centrales de bolsillo”.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Compañeros: me gustaría remarcar un asunto relativamente importante insuficientemente explicado en la conferencia. Es el siguiente: como ustedes recordarán, a raíz de la terminación del período de Plutarco Elías Calles (1924-1928), intenta reelegirse Álvaro Obregón, que había ocupado la silla presidencial de 1920 a 1924. Sin embargo, estando muy fresca todavía la sangre de los revolucionarios que se levantaron en armas, justamente, en contra de las continuas reelecciones de don Porfirio Díaz, se alzaron fuerte intereses en contra de la intentona obregonista. Debo reconocer que, en este punto, la Historia no ha dicho aún la última palabra: algunos sostienen que el principal opositor a la reelección de Obregón fue el mismo Calles, que fue quién ideó y ejecutó su asesinato; la mayoría, en cambio, se inclina por la tesis de que fue una conjura clerical, ejecutada a través del fanático católico José de León Toral, manipulado directamente por la famosa “madre Conchita”, cuyo nombre completo era Concepción Acevedo de la Llata. Como quiera que sea, el caso es que, para impedir la reelección, se recurre al asesinato de Obregón, mismo que tiene lugar en el restaurante “La Bombilla”, que se ubicaba justo en donde ahora se levanta un monumento al General. Ahora bien, como por razones de tiempo ya no era posible elegir a un Presidente Constitucional que cubriera los seis años que gobernaría Obregón (era la primera vez que un Presidente duraría seis años en el cargo), el genio político de Calles idea repartir el periodo entre tres personajes que durarían en el puesto dos años cada uno. Esos personajes fueron , como ya queda dicho, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y el general Abelardo L. Rodríguez.

Todo mundo decía, durante el tiempo que duraron los interinatos, que el verdadero Presidente seguía siendo Calles, razón por la cual a este período se le conoce como “maximato”. Fue muy popular en esa época el chiste que, aprovechando que la casa de don Plutarco estaba situada (todavía lo está, pues fue respetada a la hora de trazar el periférico) frente al Castillo de Chapultepec, entonces residencia oficial de los Presidentes de México, inventó el ingenio popular. Se decía, señalando al Castillo: “aquí vive el Presidente, pero el que manda vive enfrente”. Tales fueron la influencia y el poder de don Plutarco durante la era del “maximato”.

Aquiles Córdova Morán: Yo creo que las palabras que suelen decir algunos compañeros son alentadoras. Por eso me atrevo a decirles a todos ustedes una cosa: el ejercicio de hablar delante de los compañeros, de tratar de desarrollar un pensamiento coherente ante un auditorio, es también una manera de estudiar, una manera de ir adquiriendo una habilidad mental y lingüística, que en un momento dado puede convertirse en un instrumento muy valioso para que ustedes desarrollen su trabajo en las fábricas. Dicho más gráficamente: no hay líderes mudos. El líder, para ser líder, tiene que usar la lengua y usarla bien, es decir, tiene que aprender a conectarla con el cerebro si en verdad quiere convencer a sus oyentes de sus opiniones y puntos de vista.

De acuerdo con esto, el hecho de que ustedes hablen, de que expongan sus ideas, a nosotros nos causa satisfacción porque hace que este tipo de conferencias se conviertan en un escenario que ustedes utilizan para irse entrenando sin exceso de presión o de temores. ¿Por qué? Porque aquí los errores que puedan cometer los cometen entre amigos, entre compañeros, dispuestos a disculparlos, a tratarlos con benevolencia, precisamente porque somos compañeros. No es lo mismo, en cambio, si esos errores los cometen en una asamblea de su sindicato, pues allí no hay sólo amigos sino también enemigos, y estos los van a aprovechar para ridiculizarlos, para ofenderlos y, en consecuencia, para derrotarlos como líderes.

Por eso es preferible ejercitarse aquí; por eso es preferible participar aquí; porque aquí cualquier desliz no tiene mayores consecuencias, a diferencia de lo que ocurre en sus fábricas. Por eso los invito y les insisto, compañeros, para que hablen y para que hablen claro. Pienso que muchas veces el problema radica en que muchos de ustedes se dicen para sus adentros: "pero yo qué voy a decir si soy un simple obrero, un hombre sin preparación ni cultura, y lo único que voy a lograr es que se rían de mi”.

En fin, hay ciertamente muchos elementos, algunos reales y otros imaginarios, que hacen que la gente tenga miedo para pasar a hablar. Bueno, pues a esto yo sólo tengo que decirles que el arte de hablar en público es como el oficio del aguador, que al primer viaje se aprende. Lo que se necesita es tener valor, coraje para enfrentar el ridículo. Por eso yo felicito, y lo hago con mucha sinceridad, a los compañeros que se atreven a hablar. Está muy bien que lo hagan, porque de ese modo comienzan a adquirir la habilidad fundamental para ser buenos líderes en sus fábricas.

Y esto no lo digo por obligarlos a hablar por la fuerza, sino para convencerlos, poco a poquito, de que hablar no es malo sino, al contrario, de que en la vida, frecuentemente, es necesario y, por lo tanto, todos debemos ejercitarnos, por turno para no aburrirnos, pero de modo ininterrumpido para que los demás los oigamos y valoremos sus progresos sepamos como van avanzando, cómo van evolucionando, qué tanto van mejorando. A la larga, ustedes mismos van a sentir ese progreso y van a terminar por sentirse orgullosos de los resultados de su esfuerzo. Ciertamente, cuando uno siente que va avanzando, que va mejorando, se apodera de nosotros una satisfacción muy grande, se siente uno contento, se siente uno orgulloso, y ese orgullo le da a uno fuerzas para seguir adelante. Así que ¡felicidades al compañero que habló! Siga adelante compañero; no se avergüence de sus fallas, no tenga pena; que sólo echando a perder se aprende. Sepa usted que ejercitar la lengua es casi tan útil como ejercitarse en el uso de una espada, porque la lengua hiere como la espada, o mejor, sobre todo cuando se le maneja bien.





<< Regresar |

INICIO | DIRECTORIO | ARTICULOS | EVENTOS | PUBLICACIONES | COMUNICADOS | CONFERENCIAS
FOTOGALERIAS
| ESPARTAQUEADAS | AVISO LEGAL | MAPA DEL SITIO
Powered By:
admin@webdesign.net.mx

Moviemiento Antorchista de México - Todos los Derechos Reservados 2004 ©
antorcha@antorchacampesina.org.mx