Una juventud hundida en el fango, algunos transportados en camionetas de policía, descalzos, otros desnudos hasta el torso, con ganas de pelea, eufóricos. Alegrías y llantos. Imágenes imborrables que se quedan en la mente, después de permanecer siete días en la XIV “Espartaqueada Deportiva Nacional”, cuya sede fue el municipio de Tecomatlán, Puebla, cuna del Movimiento Antorchista, organización que impulsa esta justa deportiva. Ahí, en este municipio de la mixteca poblana, se cuenta con instalaciones deportivas de las mejores del país.
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Siete días en que convivieron más 5 mil deportistas amateur de toda la República mexicana, los mejores, para medirse en la justas deportivas de natación, atletismo, ciclismo y en competencias de equipos de conjunto, como beisbol, futbol, voleibol y basquetbol en diferentes categorías. En esta localidad de la Mixteca Baja poblana descubrimos al “mexicano nuevo”, como dijera Aquiles Córdova Morán, dirigente nacional del antorchismo, en el acto de inauguración de esta evento deportivo; al mexicano recio, a los patriotas, a los que se parten el alma por su camiseta o equipo, que no se doblegan ante las adversidades o problemas que se dan en la vida.
Vimos a una juventud que se hundía en el lodo, a los futbolistas, que por conseguir un balón se abalanzaban por él sobre los charcos de la inundada cancha de futbol, por la lluvia que cayó de manera atípica, por esos días, en esta zona semidesértica de Puebla. “Hace muchos años que no veíamos que lloviera así, tantos días y hasta de noche”, nos comentó un lugareño. Enlodados, casi en la totalidad de su cuerpo los jóvenes. Felices por el triunfo, nos comentaron sus peripecias: “yo me fui de avioncito y caí sobre el lodo, pero defendí el balón y ganamos”, comentario del medio campista potosino, Rigoberto Palencia Arroba, en la final de la categoría de la primera fuerza semiprofesional de San Luís Potosí contra Veracruz. Un partido de nervios, en el cual, por llegar a un empate a cero, se definió el triunfo con serie de penales, donde el equipo potosino logró el campeonato con un 3 a 2 contra sus rivales.
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Las hormiguitas, al término del partido. |
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Jóvenes descalzos. Deportistas indígenas tepehuanos, tarahaumaras, de la Sierra Norte de Puebla hasta coras de Nayarit, y de otros lugares, participaron sin tenis o zapatillas, pero demostraron un alto nivel de competencia en las carreras de pista, ¡Cuánto corazón por la camiseta sienten, por llegar a ser los primeros! Jóvenes, arrogantes, altivos y orgullosos por su tierra y su cultura. Orgullo que te hace sentir la grandeza de su espíritu. Tuve el privilegio de ver a jovencitas indígenas del estado de Nayarit, participando descalzas y con su bella indumentaria de los huicholes en la competencia de voleibol, orgullosas y firmes, nos demostraron su inteligencia y capacidad estratégica para vencer frente a los obstáculos; sin temores ni complejos, a los que estamos acostumbrados la mayoría de los mexicanos.
Lo importante de esta competencia deportiva de alto nivel, fue ver los deseos de los jóvenes por llegar a ser los primeros, a pesar de su extracción humilde, a pesar de la distancia, ya que tuvieron que viajar días o muchas horas para llegar allí. Durante meses, se prepararon físicamente y juntaron sus ahorros para pagar sus alimentos, transporte y hospedaje; sin más estímulo que las porras desatadas de sus compañeros, sobre todo, en la competencias de equipos de conjunto, en las cuales por la euforia veíamos a muchos jóvenes porristas desnudos hasta el torso, convulsionándose por el triunfo o la derrota de su equipo.
La recompensa: una medalla o trofeo, no hubo los reflectores de la fama mediática o el dinero. Pero eso sí, después de la pelea en el campo, en medio del llanto o la alegría, los deportistas competidores se abrazaban como símbolo de la amistad; intercambiaban su playeras, se tomaban la foto. Un remolino humano lleno de juventud, euforias, lágrimas, alegrías; sin distingo de composición física, de raza, de estrato social, de nada; algo que pocas veces podemos ver en nuestra nación hundida en la miseria, delincuencia y descomposición social. La solidaridad y fraternidad entre los seres humanos.
Tanto así, que en este lugar, algunas patrullas de la policía municipal, en lugar de cargar con delincuentes, que casi en este lugar no existen – es que en Tecomatlán, desde hace muchos años, (yo investigué) no existen homicidios, robos, violaciones u otros lastres de la delincuencia que se dan en todas partes del país, tanto así que, aquí, la cárcel es cosa del pasado – ayudaban a trasladar a los deportistas de un lugar a otro. Difícil de creer pero esto se logró en la Espartaqueada Antorchista.
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Luchar hasta el final: es por el deporte.
Carlos Humberto Terán, capitán del equipo de futbol potosino de la primera fuerza, nos comentó que el nivel de competencia en Tecomatlán es de los mejores del país, ya que el conjunto deportivo que él dirige ha participado en otros eventos nacionales y se puede comparar con ellos. “Todo esta bien aquí, las instalaciones, la organización, los competidores; porque los que vienen traen la mentalidad de triunfar; fue difícil para nosotros ganar en este torneo de seleccionados, primero nos enfrentamos a Puebla y ganamos 3 a 2, después a Veracruz en un partido muy reñido en el cual quedamos empates a cero goles, enseguida contra Tabasco y los vencimos 2 a 0, al equipo del Estado de México 2 a 0, y en la final, de nuevo competimos con Veracruz, empatamos a cero y sólo en penales pudimos ganar 3 a 2; pero bueno tenía que haber un ganador, aquí nadie se raja, venimos a ganar”. Reflexivo nos explica: “como que ya lo traemos desde pequeños eso de luchar, de pelear hasta el final pese a las adversidades; si hace frio, si llueve, si pasamos hambres u otras inclemencias, todo eso es por el deporte, no hay duda”.

Montse, integrante del equipo "Las Hormiguitas". |
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Las hormiguitas también.
El equipo de futbol femenil potosino, conocidas como las hormiguitas, también fueron triunfadoras al ganar el subcampeonato en esta Espartaqueada. En una final de infarto, al medirse con sus similares jarochas, por las capacidades de ambos equipos llegaron al final del partido a cero goles y sólo se pudo definir al triunfador en penales, resultando victoriosas las veracruzanas con un 3 a 2. Una derrota que en lugar de lamentar, el equipo potosino, en medio del llanto, se decía fortalecido: “ya sabemos a quien les vamos a ganar en las próximas Espartaqueadas, perdimos, pero ganamos una experiencia chida”. El club de las hormiguitas tiene por lo pronto otros retos, el próximo fin de semana participarán en las Olimpiadas Juveniles en Tamaulipas, y dicen que van cargadas de baterías, de mucha energía, así nos comentó Montserrat González Esquivel, medio campista, de 14 años de edad y estudiante de la secundaria Torres Bodet en San Luis Potosí: “vamos a ganar allá, los penales sólo fueron un volado y por eso nos ganaron las jarochas, pero nos cargamos de baterías, estos partidos nos dieron nuevas experiencias para ser mejores, mejores en todo, en el deporte, en nuestra casa, en la escuela”. Ella dice que lo mejor de su vida es hacer deporte: “desde los 8 años mi papá me llevaba a jugar futbol y por eso me gusta”.
Pensativa, por último nos comentó que le da tristeza que no haya muchas mujeres que jueguen futbol: “juego con puros hombres, y luego no me quieren juntar, pero a mi me gusta mucho, y me ayuda a ser mejor; yo soy feliz por estar con las hormiguitas y quisiera que en México todos hicieran deporte, para que no haya vicios, ni drogadicción, como aquí en Tecomatlán donde todo es bonito”
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