MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Remembranzas de Vitálico Silva, un
hombre que luchó hasta el último momento

San Pedro Siniyuvi, Putla de Guerrero Oax.- Desde el primer puente ubicado en la entrada del pueblo se advierte la cantidad de pobladores y algunos datos que para el visitante podrían ser de importancia; como su origen étnico, su lengua y el número de habitantes que conforma la demarcación. El ritmo de las aterías de la comunidad no empieza hasta después que la plaza esté instalada, hoy es el día en que se ponen los puestos, “mas tarde llega el pan” y los que venden la “masita” de chivo y la barbacoa.

Siniyuvi está situado en una cumbre, en cuya cúspide esta edificada la iglesia y frente a ella la agencia municipal, ambos poderes mostrando su capacidad de control desde tiempos remotos. A partir de estas dos referencias se desprenden cuatro calles principales que se distribuyen de manera radial hasta culminar en el río que rodea la población.

Es esta la tierra donde nació y pasó su infancia entera, y parte de su adolescencia un hombre que por así decidirlo dedicó parte de su vida a la lucha social. El nombre de su pueblo lo llevaba como apellido y su comunidad lo lleva a él como un estandarte de hombre de bien; su nombre, Vitálico Leobardo Silva López, o simplemente Vitálico Siniyuvi.
 

-Estudio conmigo, era mi amigo, tenemos la misma edad, fuimos al kínder allá -  Señala con la mano derecha hacia el poniente de la población – “Era bueno en la escuela, los maestros lo querían y estuvo hasta la secundaria con nosotros, de ahí ya no supe de él”. El pueblo huele a café y a caña dulce, huele a nostalgia, a monotonía.

El hombre que había detallado los pormenores es policía rural. “Por azares del destino, no fui como él, dijo, pude haber sido también un licenciado, un ingeniero o un maestro, pero así es esto, hoy ésta mañana quién sabe”.

 
Unos metros antes de llegar al río se observa una choza con escaleras abajo y algunas plantas que obstruyen la vista, con el techo protegido a base de tejas y de estructura que denominan dos aguas. Esta se nos señala como el hogar donde vivió Vitálico.  Antes, en la entrada de la calle está una escuela, edificada de piedra y rodeada por maya de acero; es la secundaria, donde él pasó seis años.

La razón de su nombre

Vitálico Leobardo Silva López, es el tercer hijo del matrimonio conformado por Hilarión Nicolás Silva  y Marcelina López,  tuvo cuatro hermanos, tres mujeres y un varón, su madre lo describe como un niño que tuvo todas las carencias económicas por haber nacido en una familia pobre. “Mi hijo jugaba con cualquier cosita, ataba vasijas y eso era parte de su diversión, el fue bautizado en San Pedro Yosotato sus padrinos Eladio Castro Clemente y su esposa, viven en ese lugar aún.

-El humo del brasero donde se calienta el café y donde doña Marcelina hace tortillas diariamente, se extiende por el lugar donde por muchos años Vitálico desayunó quelites y aquellos tamales que eran sus favoritos. En este lugar también recibió los sinsabores de las despedidas cuando decidió salir de su hogar.

“En más de una ocasión mi hijo lloró al marcharse, pero no se detuvo, siguió su camino, buscando ser alguien en la vida”, recuerda su madre, Marcelina López.

Vitálico pudo llamarse también Atenógenes o simplemente Leobardo, sin embargo, el encargado del Registro Civil advirtió a su padre, quien lo fue a registrar, que el nombre ideal para el pequeño era Vitálico, porque eso le daría fuerza, además que lo mantendría siempre de pie y con las energías suficientes durante toda su vida.

Don Hilarión no lo dudó y decidió nombrarlo Vitálico, además de un segundo nombre, Leobardo, el nombre que según el calendario le debería corresponder. “Mi hijo justo en la mitad de su vida partió, y demostró fuerza ante una enfermedad mortal; estuvo firme hasta el último día”.

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El momento cuando los familiares relatan algunos detalles, por segundos se vuelve difícil, complicado, pero retoman fuerzas al recordar los ideales del joven; como la lucha social que emprendió hace años.   

Justo a nuestras espaldas esta un juguetero donde infinidad de fotografías del ahora extinto se exhiben, como si él también se hiciera presente y sonriera con las anécdotas de su infancia, con el recorrido de su vida, y también como si quisiera borrar las lágrimas de sus padres con una sonrisa que muestra en la imagen, esa réplica que es escudada por una veladora y flores que cada mañana son cambiadas por su progenitora.

De Chapultepec a Siniyuvi

Desde el acceso de la casa de la familia Silva López se aprecia una cruz blanca en la que don Hilarión señala como referencia el lugar donde nació Vitálico. Chapultepec se llama, y es una ranchería que está aproximadamente a 40 minutos de Siniyuvi.

A la edad de tres años, se vieron obligados a emigrar a la población, pues los ríos crecían a dimensiones extraordinarias e impedían el paso a los estudiantes. Vitálico, con apenas tres años, había manifestado su inquietud por asistir al kínder, sus padres, decidieron que tenían que apoyar a su  hijo y edificaron una choza en el pueblo, la misma desde donde ahorita, ambos no pueden contener el llanto al hacer ese flash back por el recorrido de la infancia de su primogénito.

-El era alegre, gordito, caminó al año, y habló a los 15 meses, una vez instalados aquí en el pueblo lo inscribimos en el kínder, el gusto por asistir a la escuela lo demostraba todos los días. Cuando regresaba nos enseñaba lo que hacia,  aprendió a escribir, dibujada rápido, participaba y siempre ganó los concursos desde pequeño”, dice su madre.
 

“Uno de los recuerdos más significativos que tengo de él, es que antes de que entrara al jardín de niños, en una de las curvas que hay en el camino hacia la comunidad donde nació, estaba hablando con alguien, al acercarme, me di cuenta que estaba solo, le pregunté si estaba acompañado, el respondió que no” platicaba con sus juguetes, que no eran más que pedazos de vasijas que tiraba como carritos, porque mi hijo no tuvo los juguetes que tiene los hijos de los ricos”, narra su padre.

Don Hilarión, que hasta el momento había demostrado fuerza y valor para enfrentar la muerte de su hijo, no pudo más se llevó las manos a los ojos, calló por varios minutos, y desahogó su tristeza- Ni modos mi jefe- tan sólo dijo.

En la primaria

Cuando Vitálico, culminó se educación preescolar, según cuentan sus amigos, decía que quería seguir estudiando  y que le gustaba estar en la escuela. Ese verano fue un espacio en el que alternaba algunos trabajos que le encomendaban en el hogar con las tareas que él se atribuía.

Antes de entrar a la primaria ya había aprendido a leer, y escribía algunas palabras; desde el  primer año en la escuela primaria Emiliano Zapata, aquella escuela edificada de piedra y rodeada por maya de acero y que está a unos metros de su vivienda, Vitálico comenzó una nueva etapa de su vida.

Sólo uno de sus maestros aún da clases en la institución. Esta vez luce cerrada, los maestros se han ido a reuniones sindicales, “siempre hacen lo mismo”, dice una de las personas que circulaba por el lugar. “Esta es la escuela donde mi hermano estuvo por seis años, el obtuvo diversos premios y reconocimientos por ser un buen alumno, en ese tiempo despertó en el gusto por la danza, por la poesía, por la oratoria y las actividades culturales”, señaló Abad Silva López.

“Siempre que venía a la casa, aconsejaba a sus sobrinos y los invitaba a que estudiaran, a que se acercaran a las actividades culturales, así como lo hizo él, desde la primaria”.

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Para recabar fondos, encabezaba actividades y trabajos en equipo; le gustaba ayudar a sus maestros y decía que de grande quería ser Presidente de la República.

Abad, de reojo, muestra la escuela. “Yo tengo 37 años, casi nunca tuve problemas con él, nos llevábamos bien, cuando se fue yo le dije que le echara ganas, que estudiara, y siempre que pude lo ayudé, somos los dos únicos varones, me quedé solo… - Recuerdo que lo acompañé cuando salió de la primaria, y tres años después, cuando terminó la secundaria, fui su padrino.

Un romántico

Rodear el pueblo no costó mucho trabajo, la vegetación es abundante y a pocos kilómetros se aprecian grandes zonas cafetaleras. La base económica del lugar se mantiene del trabajo del campo, del autoconsumo y de las ventas en distritos como Putla de Guerrero, Tlaxiaco y Juxtlahuaca.

Vitálico en esos tiempos comenzó a combinar el trabajo del campo con la escuela. Comentan sus padres que sabía utilizar el machete y su dedicación era asombrosa, no fue para él un obstáculo sembrar el maíz, el frijol y cuidar los animales, le gustaba montar a caballo y comenzaba a preocuparse por su futura escuela. Hilarión, su padre, tuvo en ese tiempo las buenas intenciones de mandarlo a un bachillerato, pero las limitantes económicas frustraron todo tipo de planes.

“Nada lo ponía triste, escuchaba pura música romántica, Bronco era su grupo favorito y cada en cuando coreaba ‘Libros tontos’, comenzó a salir a las fiestas, cuando en el pueblo era la celebración, asistía a los bailes, le gustaba bailar;  a mí me regalaba el día de las madres un ramito de flores y alguna tarjeta musical, yo lo recibía con cariño, porque eso es lo que puede regalar un hijo cuando no se tiene mucho dinero.”

En el año 1993 culminó su educación secundaria y hasta Siniyuvi, llegaron a promocionar unas escuelas de Tecomatlán, Puebla;  Vita, como le dice su madre, se entusiasmó y dijo que esa escuela era para hijos de campesinos y que él tenía que estar allá. Fue su padre quien lo acompañó la primera vez. “En esa ocasión se quedó tranquilo, le dejé unos centavos, después en una ocasión le ganó la tristeza y comenzó a llorar, entonces le dije que se regresara conmigo, y dijo que no, que él tenía que seguir estudiando. ‘Somos pobres papá y tenemos que echarle ganas’ dijo y se quedó llorando”.

Hoy, se cumplen veinticuatro días de su fallecimiento–“Cuando venía le gustaba llevar a sus amigos a la plaza, en marzo le dije que en su cumpleaños le haría unos tamales, de esos que tanto le gustaban, ya no se pudo, la última vez dijo que se iba tranquilo a una operación peligrosa,  ‘Los pobres no tenemos nada que perder o dejar’, nos comentó”.

Ninguno de los familiares pudo ocultar el dolor por haber perdido a un hombre como Vitálico. “Aún nos parece que en cualquier momento llegará, que nos dirá que sólo vino un rato y que por la tarde se irá porque la lucha con Antorcha Campesina lo espera, aún lo llevamos en nuestro corazón, en nuestra mente… en nosotros".

 

   
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