Entonces la primavera llegó sin anunciarse
era el tiempo de las primeras verdaderas lejanías
eran los primeros días de las definitivas ausencias.
La sal del mar subía imperceptible por las paredes
caminaba tierra adentro para formar los desiertos.
El cielo amanecía cuajado de plateados peces
el cielo sonrosado, turquesa, carmesí, a toda hora
nos anunciaba la serena perpetuidad de la vida.
Pero también con silencio de reptil flotaba la angustia
y al final del túnel el futuro era luz blanca en la lejanía.
Entonces llegó la muerte también sin avisar
es el tiempo de la primavera inundada de frío
es el tiempo cruel de las definitivas ausencias
es el tiempo frío de las interminables lejanías.
La sal del mar sube imperceptible hasta las montañas
Y tierra adentro los desiertos oscuros se estremecen.
Tu voz no está al alcance de mi oído
tu mirada no está en ningunos ojos
el tiempo ha formado negros abismos
no te percibo ¿acaso no he muerto?
Tlanchinol , Hgo. Abril 2010.
Como un homenaje al compañero Wenceslao Victoria.
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