Aún
lo recuerdo: cada hora
tenía inconsciencia bullidora
llanto risueño, luz, fragancia
Cabía una vida en cada hora…
Era la infancia.
Tras la feliz algarabía:
adolescencia
Con la avidez y tal fuego
Las rosas abriéronse luego,
Que hasta en el sueño hubo inquietud.
Devoradora como un fuego:
fue juventud
Ya está cerca el medio camino:
a largo paso me avecino
a la alta cumbre postrimera
¡Ay, veré desde mi camino
la otra ladera!
Desde allí será descender,
hondo y estéril comprender,
y nada incierto esperar
Melancólico descender:
¡río hacia el mar!
Viviré preso en el recuerdo
ya sin locura; triste, cuerdo,
de cuerpo frio y alma inerte.
Y a la salida de un recuerdo
Veré a la muerte
¿Ya ha de ser este todo?...¿Todo?
¿Por qué la ciencia no halla modo de encender
alba tras la fosa?
¡No puede terminarse todo con la espantosa
risa de hueso!...La ternura
que repudió la vida dura
no ha de morir junto al ciprés,
¡Quién gozará de esa ternura allá…después!
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