Las
dulces mensajeras de la tristeza son...
son avecillas negras, negras como la noche.
¡Negras como el dolor!
¡Las dulces golondrinas que en invierno se van
y que dejan el nido abandonado y solo
para cruzar el mar!
Cada vez que las veo siento un frío sutil...
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas
amantes de abril!
¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar
como los emigrantes, a las tierras extrañas,
la migaja de pan!
¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales, con las alas de luto
llegaos hasta mí!
Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad
de un volido tan sólo, eterno y más eterno
la inmensidad del mar...
¿Sabéis cómo se viaja hasta el país
del sol?...
¿Sabéis dónde se encuentra la eterna
primavera,
la fuente del amor?...
¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis!
Yo soy una bohemia, una pobre bohemia
¡Llevadme donde vais!
¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis,
que tengo el alma enferma porque no puedo irme
volando yo también?
¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto
llegaos hasta mí!
¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!...
¡Qué lástima, pequeñas, que no
tengáis las alas
tejidas en azul!
Datos del Autor:
Alfonsina Storni
(22 de Mayo de 1880 - 25 de Octubre de 1938)
Toda la familia Storni
llegó a la provincia de San Juan desde Lugano, Suiza,
en 1880. En ese lugar fundaron una pequeña empresa
familiar, y años después, las botellas de cerveza
etiquetadas «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía»,
circularon por toda la región. Sus padres de Alfonsina
viajaron a Suiza en el año 1891, junto con sus dos
pequeños hijos. En 1892, el 29 de mayo, nació
en Sala Capriasca Alfonsina, la tercera hija del matrimonio
Storni. Llevó el nombre del padre, de un padre melancólico
y raro.
Alfonsina aprendió
a hablar en italiano, y en 1896 vuelven a San Juan, de donde
son sus primeros recuerdos. «Estoy en San Juan, tengo
cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea.
Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo
un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del
ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos
me avergüenzan gritándome que tengo el libro al
revés y corro a llorar detrás de la puerta».
En sus cartas al filólogo español don Julio
Cejador Alfonsina resume algunos momentos de su vida. Refiriéndose
a esta época, le dirá: «A los trece años
estaba en el teatro. Este salto brusco, hijo de una serie
de casualidades, tuvo una gran influencia sobre mi actividad
sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras
del teatro contemporáneo y clásico
Su primer libro, La inquietud
del rosal, publicado con grandes dificultades económicas,
apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel
Gálvez, por primera vez en Buenos Aires, en esta clase
de reuniones, aparece Alfonsina recitando con aplomo sus propios
versos. En junio de 1916, aparece en Mundo Argentino un poema
titulado «Versos otoñales».
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