Ernesto Enciso Carrillo
La flor, la luz, el rocío,
no tienen más poderío
que su sencilla armadura
y recia cabalgadura.
La noche es muy caprichosa,
y la aurora pretenciosa.
Tus ojos son dos luceros
matinales y amorosos.
El dulce amor proletario
prefiero al amor burgués;
su cadena y eslabones
no sean de dos, el calvario.
Nada tengo, nada tienes,
Eso, amor, coraza es.
demasiada luz, ¡Ay!, ciega,
y abundante miel, amarga.
Nada tengo, nada tienes;
así, ni miento, ni mientes.
Porque el mezquino interés,
A dos hace penitentes
Nada que sobre tenemos
y sólo en nuestro cariño,
cual fino y preciado paño,
nuestros cuerpos envolvemos.
Apolo lloró a Jacinto;
de su sangre derramada,
una hermosa flor brotó;
no temas, por tanto, amada.
Nada tienes, nada tengo;
por eso con tu sonrisa,
cada día, me entretengo
cual la playa con la brisa.
Mirar tus ojos me basta
para sostener el asta
con la que valiente encumbro
la dignidad contra el oro.
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