Humberto Vidal
Por Ernesto Enciso
Eras la vida misma: tu sonrisa era la del hombre
que su trabajo lo hace feliz porque
feliz hace a los demás.
Seguirán las faldas,
cual mariposas,
jugueteando en las pupilas;
seguirá el rítmico
taconeo de seductores botines,
pero tú ya no estarás.
Entristecernos, ¿por qué?
Tú sabías que no eras
-como nada lo es-
eterno y que sólo
tu obra quedaría.
Recordarte es recordar
la mañana soleada y clara;
el aleteo del ave; el galanteo
del cisne; el toro que embiste;
es recordarnos,
con el baile y la danza
que tenazmente
al pueblo enseñaste,
que pertenecemos
a la naturaleza,
que no somos
más que un granito
de este mundo infinito,
y que el arte
del que nos impregnaste
sólo tiene sentido cuando
abre el poro, cuando
hace que la nota llegue al oído,
cuando la vista degusta y
el gusto ve, pero
sobre todo cuando
lleva al hombre
a crear el nuevo mundo. |