MOVIMIENTO ANTORCHISTA



VII


Inmediatamente después del ruido que produce el impacto, una figura de un hombre sale de entre la maleza. Aprovechando el desconcierto producido por el reciente e inesperado suceso que él cree caído del cielo, sale de los matorrales  corriendo, esperando no ser visto. Pero no es así; si bien es cierto el impacto del automóvil contra el muro atrajo la atención de todos, su movimiento es demasiado evidente para que no se percatara de él alguno de los que se han concentrado en torno al cuerpo del infante.

Sí, ese hombre que se ocultaba en la maleza, y que permaneció observando todo el movimiento en torno al cuerpo inerte del niño, es el “Chito”, que horas  antes  lo cargó algunos metros, desde el matorral  al lugar donde fue encontrado -gracias a una llamada telefónica anónima-, por los ministeriales, para luego resguardarse  nuevamente entre la maleza y esperar. ¿Esperar? Pero, ¿qué esperar? Para cualquier asesino lo más “lógico” sería huir, escapar   lo mas lejos posible. Pero su mente trastornada por la droga,  y más que nada,  por su abominable crimen que poco le ayudan a dimensionar las consecuencias de sus actos. Se forjó en él un deseo mórbido e incontrolable de saber a ciencia cierta, y no por imaginación o por pláticas posteriores, como se daría el descubrimiento del cuerpo del ser que  antes gemía de dolor  y cuyo aliento sentía cerca y que se fue extinguiendo  a causa del estrangulamiento rápido en el que usó unas agujetas del propio zapato del pequeño.

Manuel es rápidamente  alcanzado y sometido  por policías municipales. Su primera reacción fue la de negarlo todo. Será unas horas después, ya en las celdas, donde se ablandará y confesará. Ahora le espera un  encierro de décadas y su “rehabilitación” con los “amos y señores” de las celdas y con el tenebroso régimen carcelario.

La nota del caso Juanito, en los medios escritos y electrónicos, será, ahora sí, redonda. Y se venderá por días...


Aclaración


Los hechos que aquí malamente se narran están basados en un hecho real.  Para  describir a los personajes -que aparecen con nombre diferente-, a los que no conocí más que en retrato, o por vagas notas periodísticas, y los diálogos y cómo se dieron las cosas en la realidad (cosa que ni los encargados de la investigación sabrán jamás a ciencia cierta), utilizo más que nada la imaginación. Algunos personajes son ficticios – Julio, Emeterio, etc. El suceso principal que aquí se aborda, la muerte de un pequeño, encierra una desgracia mas honda y extensa, que lo que los medios de comunicación tratan superficial e hipócritamente, ya que a ellos sólo les interesa vender la nota.  Estos medios fingen representar el dolor general, pero en realidad no les interesa el dolor del afligido. Son, por otra parte, unos de principales beneficiarios del régimen actual, con todas sus injusticias. Desgracias como ésta, y otras más horrendas, se reproducirán en esta sociedad mientras no cambien de raíz las injusticias que en ella existen,  tanto en el plano social como en el económico, en este último sobre todo.

 

 

 

   
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