MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Probablemente en toda la amplia región de la Huasteca, pero a mí me consta que en la zona de la Sierra Hidalguense, habitan bellos espíritus por toda la comarca; tales seres flotan sobre remolinos verdes, dorados y vaporosos. Yacen sobre alfombras color esmeralda o entre blancos algodones que se cuelgan sobrelas crestas de las imponentes montañas. Las más de las veces permanecen ocultos por mucho tiempo adentro de humildes casas de madera. Pero ante todo han hecho sus perennes nidos entretejiéndolos en los antiguos acordes de los violines y las guitarras huapangueras. Desde ahí adornan el mundo de los mortales con suaves tonalidades, pero también a veces surgen frenéticos entre los destellos metálicos  de las bandas de viento.  Uno de esos seres enigmáticos, que habitan en el torrente musical del pueblo, es: La Sirena.

Comencé a escuchar de ella a intervalos en lo que cuentan las viejas canciones de los huapangueros; pero una noche del octavo mes del año pasado me anunció fuertemente su presencia con el rumor del río que cruza la antigua comunidad de Huehuetla; algo más que simple agua llevaba el río esa noche, llevaba un torrente de recuerdos, de historias dichas en muchas lenguas y una que otra canción. El rumor del río al transcurrir por su tortuoso lechotraía,justamente como un rumor la presencia inexplicable de algo indefinido, de algo como un presentimiento de lo bello, es decir de algo doloroso, misterioso, como la vida, cercano e infinitamente inaccesible. Y una vez que pasó la noche, al otro día, cuando ya casi no recordaba nada de mi tal vez nocturno sueño, me encontré con ella. 

Las palabras de una mujer muerta llegaron hasta mis oídos a través de la voz de una persona viva… en el año de 1920 ella participó en la entrega de una ofrenda…  entre otras cosas llevaron una blusa bordada, muy bonito el bordado, con hilos de varios colores, verde, rojo, negro, anaranjado y también encaje blanco, la blusaera muy bonita; la colgaron sobre unas ramas a la orilla del río. Ahí dejaron la ofrenda, la ofrenda no era para el río, era para la reina del río, para una de tantas fantásticas criaturas que lo habitan, era para la sirena.  Y cuando ya nadie miraba, cuando ya solamente estaban puestos sobre la ofrenda los ojos de esta voz, quien en tiempo pasado viva y en tiempo presente muerta, contaba la historia, entonces un brazo salió del agua y una misteriosa pero bella mano blanca tocó la ofrenda y la hermosa blusa se sumergió en un turbio remolino de agua. Y es que la sirena usa ropas hermosas y cuando ella lava sus ropas entonces se puede ver el arco iris, pero a donde nace el arco iris, a donde está la sirena lavando su ropa, eso siempre será un misterio; si alguien intenta llegar a donde nace el arco iris, el arco iris lo golpea. Así se lo contó un hombre, varios años después.

Este hombre juraba haber visto a la sirena. Antes de mirarla empezó a tener sueños extraños. Como su casa estaba muy cerca del río, todas las noches se dormía escuchado el ruido del agua y desde ese lugar él sentía venir una música; a veces la música era triste y se acompañaba también a veces de un canto triste, pero cuando llovía, la música sonaba más alegre y la voz que cantaba también se escuchaba más alegre; jamás había escuchado una música igual y las canciones que escuchaba eran desconocidas y nunca pudo entender de ellas ninguna palabra; esascanciones además de sonar raras, sonaban muy bonitas, solamente de noche las escuchaba. Al otro día por más esfuerzos que hacía, nunca podía volver ni siquiera a tararear alguna de esas canciones o de esas melodías que escuchaba en sueños. Pero una noche, sin proponérselo creyó haberla visto. Esa noche se levantó como sonámbulo, él se imaginó que ya era más tarde, que ya pronto iba a amanecer pero la noche lo engañó.  De todos modos él tenía que conseguir alimento para su familia y se dirigió al río. Bajó por un sendero que se sabía de memoria, pero esta vez no reconocía bien el lugar, miró al cielo para ver si ya estaba próxima la aurora, pero solamente pudo ver una media luna alumbrando junto con las estrellas sobre un cielo vaporoso. En ese momento miró hacia abajo por donde se escuchaba el torrente  del río y su mirada percibió algo como un arco iris y ahí la vio, ahí la pudo ver de pronto. O tal vez fue todo el río lo que se le presentó ante sus ojos como un solo cuerpo sensual y solitariamente tendido. No lo puede precisar porque en ese mismo instante algo le golpeó la cabeza o con algo se golpeó y cayó al suelo medio inconsciente. No sabe cuánto tiempo estuvo así. Sintió escalofrío y después logró sentarse bajo la sombra de un árbol que estaba por ahí cerca. Volvió a mirar hacia el cielo y entonces se dio cuenta de que ya estaba empezando a anunciarse la aurora. En eso escuchó voces conocidas de sus vecinos y fue entonces que terminó de despertar por completo. Cuando contó lo sucedido a sus vecinos, se burlaron de él, pensando que había estado tomando mucho la noche anterior.

Sea lo que fuere, la sirena es un ser enigmático, que ha sido creado y recreado a lo largo de cientos de años por muchas mentes soñadoras. Ella es una desconcertante, cuanto bella, contradicción. En ella está concentrada la pasión humana, la pasión, o sea el dolor, el amor y pudiera creerse que también la vida, pero sí, la sirena es amor, es vida, más también, por lo mismo, es dolor, es muerte y a veces, esto los vecinos de Huehuetla lo saben muy bien, a veces es mucha muerte y mucha desolación. Existe cerca de la cabecera municipal un lugar llamado cantarranas, en ese paraje se rumora que todo un pueblo quedó sepultado bajo el agua. Las enormes montañas que sin proponérselo aprisionan los espíritus de quienes entre la pobreza han vivido aquí toda su vida, son “mudos testigos” de muchas inundaciones y si pudieran hablar seguramente contarían historias muy dolorosas, trágicas escenas que nos harían tal vez perder la razón. Por eso es mejor cerrar los ojos ante una terrible realidad, resignarse humildemente y llevar ofrendas a la reina del río.

Por eso mejor es soñar, convertir la amarga  queja en dulce poesía y el triste llanto en alegre canto. Mejor es huronear sonámbulos entre la noche, olfateando el viento para ver, para sentir por dónde viene caminando el nuevo día. Tal vez encontremos a la orilla del río una hermosa sirena. Sea lo que fuere, escribo esto porque la otra tarde, sobre el horizonte por donde comienzan las tierras del vecino estado de Puebla, se levantó un gigantesco, un espantoso cielo oscuro, anunciando una terrible tempestad y de pronto como presagio también de algo inexplicable, el descomunal cielo negro se vio surcado por un tenue pero indeleble arco iris. No trataré de cerciórame, de saber dónde comienza ese arco iris. No intentaré saber si alguien está dando brillo a sus tesoros. Salvo que me lo pida la sin par Dulcinea, que me pareció verla otro día, allá por la Sierra Negra.

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